24.1.12

Cu cu cuéntame...



Hace dos años la mamá de la cantante Lucero, aparecía en las primeras filas del escándalo al circular a través de internet, unos videos en donde aparecía bailando en ropa interior y haciendo un strip tease. Nunca he entendido a las que se dejan grabar, filmar y fotografiar encueradas. Es un acto de suma ingenuidad.

El escándalo

Una de las cosas que más me gusta de pertenecer a este aguerrido pueblo mexicano, es que pese a todo, por encima de quien sea, y con todo lo jodida que está la situación, siempre conserva (mos) el buen humor. Somos una raza a la que, si nos abofetea el destino, le ponemos la otra mejilla y luego alardeamos de que “al fin que ni me dolió…”
Ahora que estamos un escándalo tras otro en esta barbarie mediática, no me queda más que fungir como una humilde observadora, y luego proceder a destazar. El video del striptease de Lucero madre. Me despertó eso en la mañana. La primera imagen de mi día fue una señora en bailando la conga con su liguero.
¿Tiene esto algo de malo? Ninguna cosa. La señora estaba mostrando su sensualidad a una persona que sin duda le importaba mucho y en quien confiaba. Y seamos netas queridas, todas somos unas encueratrices.
Sólo agregue la sustancia adecuada al vaso o al torrente sanguíneo directamente y tendrá a una chica quitándose la ropa o enseñándole los calzones a todos los amigos de su novio.
No por nada los puestos que venden videos pornográficos están pletóricos de material grabado durante los springs breaks, en donde las chicas bambolean las tetas por una jarra de cerveza y luchan desnudas en mermelada de fresa por una camiseta. Siempre he creído que si una va a encuerarse ante una cámara o ante un colectivo, en la medida de lo posible, esto no sea gratis. La gente es morbosa, voyeurista y caliente, entonces lo menos que debemos conseguir es retribución ante esa demostración de nuestras carnes.
Pero el escándalo en video o de cualquier índole en México, ya cuenta con un protocolo mediático que lo convierte en un circo de tres pistas que inicia con la propagación del video mismo.
Luego vienen los chistes, las descalificaciones de dos bandos, el insulto de los unos a los otros. Empieza la chacota de: “y por qué no estaba bailando una de Lucerito…”, “cu cu cuéntame…”, y la que me regalaron en Twitter, “el video se llamará Chispitas de amor”. El escarnio es una enorme ave de rapiña a la que no le conocemos el largo de sus alas.
Pero ya entrados en debates, al escándalo tras la exhibición y los chistes, se le agrega la teoría del complot. Aquí es en donde se asegura que el video de Doña Lucero salió para desfigurarle la belleza a Enrique Peña Nieto, quien ha abanderado a Lucerito como la primera dama mediática del estado de México. Y otra: una cortina de humo que desplegaron para desviar la atención de la separación de ésta y Mijares. O bien, un distractor por parte del gobierno para que sigamos baboseando ante los escándalos de Arce, la mamá de Lucero y los que se vayan acumulando en la semana.
Sin duda cuando llegamos al momento en que el debate ya ha amainado, es decir, del oprobio al destazamiento de la pobre mujer , empieza a generarse una extraña simpatía hacia la humillada. “No pues de estar buena, sí está…”, “pues no bailaba también pero como quiera…” y entre piropos y arrestos machines, de que “yo si le hacía el favor”, el asunto se va diluyendo.
Queridas, esta es una lección para todas: no foto, no video, no striptease…No estén tan seguras que ése tipo en el que confías ahora, te vaya a subir a youtube meneando tus calzones periquita a ritmo de reggaetón. Mírate en ese espejo…

Sólo por ardor: ivaginaria@reforma.com

14.1.12

Madame Pompadour

Para Rocío Dávila.

Jean Plaidy, una escritora inglesa de novelas históricas sobre las cortes europeas, es la culpable de que la mitad de mi cerebro se haya transformado en bombones o gelatinizado.
Toda mi adolescencia me la pasé leyendo sobre cómo cambiaban de esposos y esposas los reyes; quién era la o el amante de quién en las cortes; cuál fue el rey más atascado y que a todo le entraba; cuál era la reina más calenturienta que hasta a sus custodios se tiraba; y así una larga lista de lindezas. 
El sexo mezclado con poder era un tema harto emocionante porque eran personajes reales de la historia, como si ahora nos enteráramos de los detalles morbosos de nuestros funcionarios, como si no nos diesen suficiente asco ya.
De mis preferidas en las cortes y de amasias espectaculares, Madame Pompadour rige entre las más adoradas, porque ella mandaba desde la cama controlando Francia con el órgano sexual más útil de las mujeres, que es el cerebro, claro.
La susodicha fue nacida como Jeanne Antoinette Poisson en un hogar de clase acomodada en el que, pese a sus propias telenovelas, prevaleció la cultura, el refinamiento y el buen gusto. Una nenita de la clase alta se casa rápido en círculos cercanos a la realeza, pero ella con dos pasos más de baile y mañas, pronto queda cerca del rey Luis XV, quien como toda persona acostumbrada a conseguir lo que desea, la toma de amante.
Durante cinco años hizo trabajo de cama y durante 20, ejerció como la maîtresse en titre, consejera y favorita de favoritas. Sin follar o follando tuvo el poder todo el tiempo.
Madame Pompadour fue su nombre de batalla y tan pronto se hizo la preferida del rey, ganando los ducados de Pompadour y el marquesado de Menars apenas a los 23 años. Luis XV debió estar muy enamorado de ella, puesto que la recibió casada, luego la descasó, la llenó de privilegios y ella fue como ella se tomo el trabajo de hacer y deshacer guerras, de acomodar a sus amigos en el gobierno y patrocinar artistas.
Ella más tarde y para evitar la fatiga, llenó al rey de jóvenes cortesanas que hicieran su jale, y como toda amante-reina de primeras ligas, se dedicó a gobernar a través del poder de su coño. No hay manera de decirlo de otra forma. Se pasó en total veinte años tomando decisiones sobre el gobierno de Francia. Por eso tuvo todo lo que quiso.
Yo no creo que ella haya sido una mujer que hubiese planeado escrupulosamente su ingreso en la cama del rey para convertirse en la primera amante. Como en todas las telenovelas chafas, que bien imitan la vida, la Pompadour estuvo con las personas y tiempos adecuados.
Y cómo fue una mecenas de pensadores como Voltaire, escritores, pintores, escultores y toda esa recua de creadores que tanto encantan a la falsa sociedad, aprovechó del talento de los unos y los otros para dejar las artes y la cultura francesas en uno de los planos más altos de su exquisitez.
Fue la “reina” hasta los 43 años, edad en la que murió. Inauguró la era de las grandes amantes de Luis XV y ejerció el poder hasta su último día, siendo la única que no tuvo que hacer la carrera larga de la amasia y dando fornicio, para asegurar el mando durante dos décadas. 
Ese tipo de mujeres en ocasiones ni son las más buenas, ni las más bonitas, ni las más sabrosas: pero de muchas sabias maneras son las que determinan a un hombre para siempre, en sus buenas y malas obras, un poder que va más allá de la nalga y del ser físico.

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