9.5.08

El sol sin luz

La primera vez que vi a Luis Miguel en concierto (de las muchas veces que lo tuve que ir a ver por cuestiones de la chamba reporteril) fue en un evento de beneficencia de algún club pseudo altruista regio, de esos eventos sólo para el relumbrón y para sacar la garra.
No recuerdo ni un solo detalle del concierto salvo lo aburrido, soso y aseñorado que me resultó. Luis Miguel es un adulto desde que nació y no me extraña: ha vivido muchos calvarios: su padre era un explotador, su madre un holograma (el querido reportero avecindado en Hollywood, Juan Manuel Navarro intentó con mala suerte encontrar a la señora perdida, pero creo que ella ya duerme con los peces), sus hermanos ambiguos: uno es un vividor con estigma de ser el hermano medio y el feo; subsiste bajo la manutención de Luis Miguel y se dedica a nada y a nada y el otro, el pequeño, es el fruto de una de esas tantas reconciliaciones que la pobre señora tuvo con su marido maltratador, y curiosamente es el más sensato de la familia Gallego Bastery.
¿Que cómo sé toda esta mierda? Años y años de leer teveynovelas, tevenotas, notitas musicales, chismes del Reportero Cor (que de Dios goce) y demás basura que cayó en mis gráciles manos cuando empecé a reportear. Ahora mismo es difícil que no lea la sección de espectáculos de Reforma y El Universal (la verdad es que en ese rubro no existen otros periódicos o son una nulidad).
En ese concierto a principios de los noventas la entonces jefa de relaciones públicas del Crown Plaza de Monterrey nos contó cómo tuvo que llamar a un equipo médico que reanimara a Luis Miguel después de interminables horas de esnifar cocaína y pasársela alcoholizado en su cuarto del Crown. Coronó su crónica diciendo que Luis Miguel le había coqueteado y tirado los perros abiertamente. Eso me dejó claro que sí había estado dura la intoxicación.
Entonces como ahora Luis Miguel me parecía un cantante en exceso inflamado por su disquera y los mismos medios. No posee la mejor voz de México, tampoco es el más guapo para nada y mucho menos es el que presume la mejor nalga.
Pretenciosamente llamado El Sol, mote que se le ha quedado, las llamas del astro rey sólo le han servido para quemarse con la raza y para el bronceado que me temo, tendrá que abandonar en breve si no quiere ser destronar a Elba Esther Gordillo como la emperatriz del bótox.
¿Entonces qué posee de extraordinario Luis Miguel?
Creo que nada y lo lamento mucho. Es un pobrecito niño amaestrado desde la cuna para mantener a la familia que su padre no pudo sostener, y por desgracia, fue durante mucho tiempo como uno de esos perritos de circo que enseñan a saltar el aro en llamas poniéndolos a brincar en un comal ardiente.
Nació para cumplir los sueños de su padre, cosa que por desgracia hemos visto hacer a muchos. De hecho en la generación de Luis Miguel hay una estela de artistitas paridos por padres y madres castrantes de sus propios hijos, que vieron en sus criaturas la posibilidad de ser ellos mismos estrellas: Lucero, Thalía, Tatiana, Gloria Trevi, Yuri y un enormísimo etcétera, todos l@s víctimas de Juguemos a cantar, Timbiriche, y demás carne de pederasta que tuvo a mal permanecer en una profesión que les fue impuesta.
Ahora que Luis Miguel presenta su nuevo disco y es vetado por Televisa, Telemundo (y yo misma lo veto de este blog por haber usado esas babuchas de El Tata en su rueda de prensa que parecían sacadas del clóset de ropa usada de Hugh Hefner) me pregunto: ¿qué va a hacer ahora Luis Miguel con un disco que suena a lo mismo de hace quince años?, ¿seguirá la disquera apoyando la imagen de padrote venido a menos que le ha instituido al pobre hombre?, ¿comprenderán los letristas de LM que los temas adultos que le endosan ya han sido manoseados una y otra vez por otros cantantes y en él suenan falsos y oportunistas?, ¿hasta cuando seguirá manteniendo esa fama del inalcanzable al que ya pocos se interesan en perseguir? (Y sólo escuché el primer corte y ya sé de que va todo lo demás...al menos en dos de las canciones extra que pude escuchar en la tienda de música).
No sé. Estas preguntas me dan más miedo a mí que a Luis Miguel, es evidente, ya que una imagen pública requiere renovación y la tarea constante de reinventar lo que se es ante una audiencia que se pretende global.
Luis Miguel es lo mismo de siempre, salvo con la gracia de la paternidad que se compró alquilando por pocos centavos el vientre de la pobre Aracely Arámbula y un nuevo disco que no le acarreará ni más ni menos gloria.
Es tiempo de salir a ver con ojos nuevos el mundo y ahora sí encauzar la senda hacia algo nuevo, sorprendente y retador. Usando trajes de enterrador y las pantuflas de su abuelito italiano; cantando temas que le suenan falsos y acartonados, demodés y cursis; poniéndose en un pedestal empolvado al que ya poc@s le ponen veladoras; vetando medios y reporteros; levantando y aventando a la putilla del momento; así jamás llegará a ser el Frank Sinatra mexicano, pretensión malinche que por desgracia Luis Miguel no alcanzará nunca por las enormes distancias en talento, gracia y hamponería.


Post Scríptum: abrazo cariñosamente a Zaira Espinosa y José Jaime Ruiz por la linda edición de Postada de Minificciones.
Ahí publico un cuentucho yo, junto a textos muchísimo mejor escritos y pensados, pero al final de cuentas hecho con mucho amor. Si lo quieren leer clica aquí.
Enorme felicidad para mí compartir la mesa con el muy querido Hugo Valdés. Un abrazo.

Post materno...:Mi artículo que aparece en Metro el día de hoy tiene que ver con la efeméride del 10 de mayo de la que sobadamente he renegado siempre. No cambiará mi punto de vista sobre la celebración del día del niño, madre, padre, maestro y demás mamarruchadas sin sentido que ahora ni siquiera tiene caso debatir. Además qué repetida y repetitiva soy, coño, no sé por qué teniendo tantísima gente inteligente alrededor mío nadie me lo dice.
Al concluir la columna me vinieron a la mente las muchas variaciones de la maternidad. “Con las madres que han parido o parirán, con las que crían a unos que ni sus hij@s son, con las madres de sí mismas, con las que quieren, con las que no, con las madres que han perdido a sus criaturas, con nuestras amigas que son nuestras madres: con ellas todos los días y no sólo hoy (ash...) están mis pensamientos y sororidad.
Nada de Denisse de Kalaffe: ivaginaria@reforma.com”
En ese momento pensé que la maternidad es en ocasiones injustamente femenina y que la paternidad, estereotipada en el rincón oscuro de la proveeduría o la figura de autoridad monolítica, a veces se convierte en una maternidad involuntaria, por necesidad, por convicción o simplemente es la genética de la preservación de la especie lo que lleva a muchos hombres a ejercer con suficiencia un rol materno-paterno.
Tengo amigos, queridos ellos, que crían a sus hijos en la ausencia de la madre de las criaturas y se rifan la doble o triple jornada construyendo un mundo sano y armonioso para sus hij@s.
Sé que la postura padre y madre se ciñe a roles sociales establecidos y maníqueos: pero en muchas personas absolutamente ajenas a quienes nos parieron encontraremos en ocasiones una madre comprensiva, una actitud maternal y solidaria, cariño de mamá comprometida, apoyo, simpatía, cuidados y hasta alimentos.
Eso sí, mi madre en el centro como un dios. Mi hija junto a ella, porque yo necesito de sus contrapesos para no salirme más de la órbita, más de lo que ya. Mi tía, otro fundamental eje materno insoslayable. Mis amigas, las pocas.
Sé que el 10 de mayo expulsa de nuestros dentros lo peor de todo mundo: lágrimas histéricas por lo mucho que sentimos no ser el sueño realizado de nuestras mamacitas pese a sus sacrificios: regalos de Famsa y Coppel de pésimo gusto: felicitaciones afectadas y discos de platino para la canción de la madre que canta Denisse de Kalaffe, quien ya llevó a la alerta roja del escarnio la celebración de las mamuchis: la compra de los abyectos claveles que huelen a panteón y a humedad antigua: un día de hueva.
Este lunes tendré el último festival del 10 de mayo en el kínder de Zoe y sé de cierto que azotaré al ver a mi criatura, mi versión de yo en 250 mililítros, que ya lee, escribe, me regaña, riñe, reclama y aconseja alejarse kilómetros de la bebé que me convirtió en mamá. En la sorpresa de encontrarme todos los días con el producto de mi aportación a la especie está el verdadero sentido de las cosas.
Lo demás son claveles.

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25.4.08

¿Antes o después de los españoles?

Cada día en la mañana, que extrañamente se ha convertido en mi momento de mayor lucidez (o cuando hay, más bien...) leo los periódicos en línea de El Norte, La Jornada, El Universal, Milenio y Los Tubos. Cada uno con sus verdades variopintas e inexactitudes, tendencias, opiniones y novedades. Cuando termino de leer los pasquines ya estoy furiosa de nuevo (después del tráfico que me fumé en la mañana que odio) y es cuando empiezo en verdad a carburar.
El mundo se cae a pedazos porque no hemos sabido respetar la máxima (Bacon dixit) de que a la naturaleza no hay que comprenderla, sino obedecerla. A mí el ventarrón del pasado abril me lo dijo todo y de verdad tuve miedo. Si antes guardaba un amor reverencial hacia la madre tierra, ahora además de esa filiación, le tengo un respeto temeroso: como cuando sabes que Dios te va a castigar verdaderamente por ser nefasto, irresponsable, ciego, sordo y para colmo con una compulsión hacia la inmortalidad. Nuestra especie, el último gran cucaracho, cree que somos invencibles. Un día el planeta va a estornudar y allá iremos en la flema que suelte natura. Somos mamonamente soberbios.
Luego me fleto un episodio más del asesinato de las locutoras, Felícitas y Teresa en Oaxaca que tanto nos lastima a todas y espero a todos: feminicidio, censura e impunidad, palabras que ya se han convertido en parte de los usos y costumbres de toda la nación.
Pienso en Ulises Ruiz, en el precioso Marín, en Peña Nieto, en Manlio Fabio, en Creel, en el gobernador de Jalisco (come santos y caga diablos dirían allá en Bonanza, Zacs.), en el PRD roto tratando de llegar a la otra orilla, en nuestro congreso tomado (¡alarma!: si los perredistas no tienen presencia en las sesiones de PRIAN y morralla, están dejando pasar muchas decisiones...), en los vatos llenándose los bolsillos de ligas y de billetes; de contratos y de concesiones; en los hijos de Marta Sahagún sebándose a costa de quien sea; en la inverosímil expareja presidencial; en el embajador de Galicia en México, Juan Camilo; en Krauze hecho un basilisco, en Reyes Heroles con el chongo ladeado; en el infame spot contra Andrés Manuel López Obrador y en la increíble ultra derecha: no tienen temor de Dios, son una plaga parida del infierno (y del infierno reloaded...)
Quisiera que si me muriera mañana, no estar tan enojada y tan inconforme. Andar sin temor; hablar sin bajarle al tono de la verdad; confiar en que nuestr@s hij@s tendrán un planeta en el cual vivir y naturaleza a la cual venerar; vivir en una verdadera democracia con funcionarios que entiendan el gobierno, la legislación y la impartición de justicia como un apostolado que les permite de primera mano transformar el país y pasar a la historia como hombres y mujeres honorables. Desterrar la violencia toda. Amén.

Post Scríptum: cada vez que veo al presidente de Estados Unidos siento como si hubiese gobernado desde siempre. Me parece que ha sido un mandato largo y cansadísimo, como un pequeño dictador on acid, que se pone a bailar a la menor provocación. ¿Por qué?
Que la providencia guarde a nuestros vecinos de otro como éste.
Leí esto de Michael Moore en La Jornada y sentí una cosa muy tristita:
"Porque no puedo soportar ni un maldito minuto más a este gobierno y el daño permanente e irreversible que ha causado a nuestro pueblo y al mundo. Estoy casi en el punto en el que no me importa si los demócratas no tienen columna vertebral o hueso de la rodilla o una sola idea en sus mareadas cabecitas. Siempre y cuando su nombre no sea “Bush” y la palabra “republicano” no está a su lado en la boleta, es suficiente para mí".

Post futurista: ya no escribiré más de política en este blog.

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