9.12.08

Renos



Voy de tienda en tienda buscando la Baby Alive que da pataditas y mea en pañales miniatura iguales a los de los bebés de verdad. Encuentro todo para mi hija y mis sobrinas, para navidad, gracias a que el género me reduce el trabajo. Puras viejas en casa.
Me estresa realizar esta tarea que debería ser placentera. Cada año que pasa me afecta más la navidad.
Al empezar diciembre siento que una bestia peluda en forma de Santo Clós indigente, con traje duro de mierda seca y peste a muerto, me ahorca con una soga, de las que están hechas de un mecate raro que pica mucho.
Cada año mi cerebro se reblandece aún más y no entiendo nada de lo que se trata esta temporada, y en mi confusión, camino como uno de esos robotitos que chocan con las paredes y se regresan una y otra vez mientras la gente, que como yo también tiene su postura hacia la navidad, trata de venderme alguna idea: pero es por la niiiiña que necesitas poner el pinito; es que los juguetes les hacen mucha ilusión; es la única oportunidad de estar toda la familia completa con primos, tíos...como si en efecto, una necesitara ver a esas personas que dejarán de existir en nuestras vidas cuando alguno de mis padres llegue a faltar.
Quizás lo que más me enoja en verdad es entrar en una polémica sobre la navidad, aún en el nivel de mis debates internos.
¿Por qué no puedo abandonarlo a donde se van las cosas que olvido verdaderamente?, ¿por qué no soy indiferente a eso, que es la cierta muerte de algo?
Porque tengo que ser parte de ello.
No es como en aquellos años felices en los cuales podía hacer verdaderamente lo que quisiera el 24 y 25. Además no hay mejor momento para cualquier ciudad que el reposo que la gente le ofrece en los días de guardar. Es un escenario triste a primera vista, pero con una de esas desolaciones tranquilizadoras en las cuales casi se puede ver a las calles respirar.
El festejo de la navidad y sus pocas horas apacibles, tras la vorágine de las compras, curan de nosotros al lugar en donde habitamos: el tráfico no existe, los escasos lugares abiertos son sombríos y raros, hacen comida fabulosa en ciertos restaurantes para vender a cenas en casa, se puede caminar con un clima muy frío (con nuestro invierno fake de 15 grados) y disfrutarlo.
La ciudad se reacomoda y duerme.
También me afecta quizás porque en mi entorno personal la única persona que hace esa cursilez de no entrarle a no navideño soy yo. No puedo. Aunque quisiera retornar, no hay camino. Es como cuando uno besa a un hombre por primera vez: nuestra vida ya cambió para siempre (y esto aplica para ambos sexos).
Ya superé mi etapa en que odiaba a los que ponían en sus autos cuernos y nariz de reno, esas baratijas de fieltro que venden en los cruceros, junto con los pollos de plástico, las piñatas de papel brillante y demás artículos de primera necesidad; ya no muero de ganas por decirle a Zoe que Santa es una entelequia; puedo argumentar amablemente y declinar a los intercambios de regalos con mucha cortesía y evitar con discreción las felicitaciones navideñas...hasta he llegado a ir a la posada del trabajo. Incluso en una de ellas, el sacerdote que ofreció el mensaje navideño, nos dio una magnífica disertación sobre las saturnales y por qué se celebraba la navidad en esas fechas, realmente me impresionó mucho.
Incluso eso: no me es emocionante pensar en las festividades paganas que el cristianismo sepultó bajo el sincretismo religioso que impusieron en el mundo. ¿A quién le importa? Eso es tan viejo ya como la navidad misma.
Ya convivo con la tradición de alguna forma sin rebelarme a ella como King Kong encadenado.
Tampoco quiero asumirme como una hórrida vieja amargada más que odia la navidad, como el grueso que aborrece la temporada porque le violaron bajo el arbolito o le trajeron de regalo su viejo caballo de palo, lugar común que esperaban con ansias leer los que fueron (fuimos) chavitos en los ochenta y lloraban con la rola de Juanito Farías. Todas mis navidades cuando niña fueron felices, materiales y apegadas a lo que dicta el cánon del consumo.
No me da amargura ni tristeza la navidad, sólo un profundo sentimiento de desesperanza. Nada parece real. Todas las felicitaciones y dádivas parecen forzadas y nos determinan además ante los ojos de los demás: qué tipo y de qué precio son las cosas que se regalan. La decoración navideña es profusa hasta el incendio. Me ofende que mi hija atribuya sus regalos al ridículo y mamón del Santa, mientras yo me he frotado el tafanario para comprar esos juguetes, que encarecen cada dos minutos a partir que entra el primero de diciembre de cada año.
Me dan jaquecas cuando veo los árboles: para qué sembrar, cortar, vender, adornar hasta la náusea, dejar secar y luego botar en marzo, a todas esas pobres plantas.
Y que conste: no estoy defendiendo el llamado espíritu navideño, que ya no recuerdo bien a bien en que Liverpool lo empezaron a vender hace ya miles de años. Me cuesta trabajo creer todo lo patético que se puede guardar debajo de dos toneladas de lucecitas, astillas de esferas, un traje rojo con peluche blanco y los ríos de alcohol que corren al lado del bucólico nacimiento colocado bajo el pinito. Tampoco lamento la muerte de las tradiciones navideñas: me daba igual que existieran, siempre y cuando no salpicaran...sobre todo pedazos de explosivos y cuetes.
Y cuando vea a todas esas personas correr como gallinas descabezadas del 22 al 24 de diciembre por la tarde comprando una baratija al triple de su precio, sabré que la navidad estará completa y yo lista para cenar y dormir a buena hora, para el 25 temprano ayudarle a Santa*, a mis padres y a mi tía a acomodar los regalos bajo el pino. Los que yo compré dirán: De: mamá, Para: Zoe. Ya basta.

*¿Ahora hasta qué edad se usa entre los niños creer en el sucker de Santa?

3 comentarios:

Arbutus Vor dijo...

Elia, estimada...
¿Qué puedo añadir a tu sincera entrada? Únicamente que no estás sola en tu sentir y pensar, estamos otros que lo compartimos.

Yo me pongo a pensar... "chingado... a cómo estamos con la economía nacional (ya no digo mundial) y nosotros que no podemos evitar seguirnos endeudando a meses sin intereses porque hay que comprarle un regalito a la tía cuquita, o mejores regalos a los niños"

Esta temporada ha perdido mucho de su significado original, el cual bien comentas, es todo un gran invento (y me refiero al nacimiento de Jesús, etc. y no quiero ni siquiera meterme con la mamada de Santa Claus), y bueno.. hoy día no es nada más que "pure marketing"

Pero no se puede ir demasiado fuerte contra la corriente. En estas reuniones hay que disfrutar a los disfrutables y regalar a los regalables. No hay obligación de comprar nada a nadie.

Decido en adelante ver la navidad como un tiempo de desaceleración y también tomarla como una oportunidad para evaluar el año que termina. ¿Por qué no? Eso me parece real y sincero. Mirar hacia atrás y ver lo que has caminado...

También debo decir que siempre he disfrutado muchísimo de la cena navideña y del menudo a la mañana siguiente y que, sabe como sabe porque trae la historia que me ha dejado año con año. Eso también es bueno.

Oh well... Sólo repito lo que ya has dicho con mayor elegancia, mi estimada.

Recibe abrazos y besos.
Gracias por visitar por el Blog. Yo te sigo leyendo.

A.

Pedro de Isla dijo...

Elia:
puedes rematar todo si pasas la navidad en Las Vegas, navegando en una Venecia falsa, admirando una torre eiffel de plástico, caminando por el interior de una pirámide de vidrio o gritando Viva México en medio del desierto americano con Luis Miguel en el escenario usando playback.

Digo, para ser más falsa la fiesta.

Un abrazo
Pedro de Isla
PD. Si puedes, date una vuelta a mi renovado blog: www.deisla.com

Elia Martínez-Rodarte dijo...

Querido sonorense de todos mis sonorenses, gracias por pasar a visitarme y besos a tu bebé. Que estés muy bien...

Pedro ya pasé a tu blog, y me da mucho gusto que lo reactivases, me encantó lo de los venecianos. Ya vi que te pusieron de autor de pastorelas, lo cual lejos de darme una proverbial y antigua gueva, me parece fabuloso. Como ejercicio literario, y como para que las nenés, (nuestras hijas: el orgullo de nuestro nepotismo), salgan en los papeles principales de los principales. Faltaba más.
Un abrazo.

E.

 
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